El experimento de la cicatriz de Dartmouth.

El experimento de la cicatriz de Dartmouth.

Este experimento fue una prueba social, una demostración del poder de la mentalidad, cómo impactan los pensamientos internos a la realidad externa, una vía en la cuál se manipula la realidad simplemente con una idea y creencia.

Esto significa que demuestra que existe la autoprofecía, un ejemplo muy claro de cómo puedo pasar esto en tu educación, es cuándo tomas un examen con la pretensión de que vas a fallar y esto se cumple, tal vez fue porque sabías los conocimientos que habías aprendido no eran suficientes, pero existe una variable secreta, que este experimento descubrió, el peso de tu mentalidad negativa y como se traduce a la realidad por creerse realmente que eso es lo que va a pasar, entonces vas a tener más miedo, contribuyendo negativamente a tu experiencia y perdiendo fe en ti mismo.


Eso también tiene relación con la imagen propia, ya que el experimento se enfocó específicamente en la apariencia, en cómo el mundo alrededor de cada uno cambia dependiendo de nuestra confianza, de la autoaceptación que se posee, si uno mismo se preocupa por las externalidades de la imagen, como la ropa o la forma de la cara, esto hace que el mundo visto por esos ojos se transforma completamente, todos están al pendiente en cualquier momento de la presencia de ellos mismos y la manera en que puede afectar a los demás, entonces usando el mismo ejemplo del examen, si ese día no te bañaste o elegiste la camisa incorrecta, vas a tener en la mente todo el tiempo que así te vez, que los demás pueden estar juzgando, que no tienes la concentración necesaria para sacar una buena nota, al final, esto va a distraerte, quitandote toda la capacidad y energía que podrías haber usado en otras actividades de zación y memoria, veamos lo que encontraron estos científicos.


“Las personas que creían poseer características físicas valoradas negativamente mostraron una fuerte reactividad ante la desviación en el comportamiento de su interlocutor, mientras que aquellas con una característica valorada de forma más neutra no lo hicieron. Se propuso una explicación basada en expectativas o sesgos perceptivos para dar cuenta de estos resultados, aunque las demandas de la situación experimental también podrían considerarse una interpretación plausible.” (Kleck, R. & Strenta, A. 1980.)


Pero, también reconocen que estos efectos no salen de la nada, tienen una conexión y causa raíz en la manera en que los humanos juzgan a los demás, junto con el razonamiento propio de que esas diferencias van a impactarnos socialmente, las personas tienden a conocer y asumir que sus diferencias van a ser vistas de tal manera, porque en la realidad si lo son, todavía el mundo le pone peso a las apariencias, es un tema completamente diferente pero habrá que ahondar en él en otra ocasión.


También hay que tomar en cuenta los sujetos del experimento, que eran mujeres universitarias en 1980, un ambiente social diferente al de la actualidad, en un experimento simulado que tenia variables controlables y medibles, como el nerviosismo y el contacto visual, además de que podrían haber estado actuando a como se esperaban del sujeto y no como realmente se sentía, entonces aunque no perfecto, los descubrimientos siguen siendo consistentes y bastante reales, la mayoría se sintió observado, juzgado, pero lo más importante es que se sintieron como que los que están observando, se les notaba que estaban reconociendo la diferencia que le aplicaron al sujeto de observación, pensaron que por mas que actuarán como que no les afectó lo que vieron, se les iba a notar que estaban viendo una diferencia, y los diferenciados pensaban que sabían dependiendo de sus reacciones físicas, si alguien les estaba juzgando por eso.


En el grupo de control, que les explicaron que tenían que aceptar una simple alergia, una condición que no se ve a simple vista, manifestaron respuestas como que no tenían que fingir de ninguna manera, si tenían algo o no, porque se sentían más confiados que sus diferencias no eran tan significativas, que la interacción con las personas que los estaban monitoreando o interlocutores, era mucho más fluida y natural, y que la condición no estaba influyendo en ningún aspecto.


Entonces, ¿qué hicieron para manifestar una condición más seria en el experimento? Esta prueba tan interesante maquillaba a los sujetos una cicatriz muy visible en el rostro, explorando así temas sociales como características físicas desviadas, como discapacidades, deformidades y obesidad, y características de control, como la alergia, pero antes de que empezaran a interactuar con otra persona, les borraban la cicatriz sin que se dieran cuenta, para ver cómo la interacción cambiaba.


Los resultados del experimento de la cicatriz fueron impresionantes.


“Estos resultados son, obviamente, coherentes

con la noción de expectativa. Cabe suponer que

los sujetos iniciaron el experimento anticipando

cómo podrían reaccionar los demás ante diversas

formas de desviación física y que, al interactuar

con otra persona, encontraron rápidamente

indicios que confirmaban dichas expectativas.” 

(Kleck, R. & Strenta, A. 1980.)


“Si un miembro de la

díada presentaba una cicatriz facial, esto tendría un

mayor impacto en el comportamiento del otro

que si esa persona tuviera una alergia.” 

(Kleck, R. & Strenta, A. 1980.)


Aquí viene el tema del mecanismo de expectativa y sesgo perceptivo, ¿qué significa esto? esto es una creencia previa, que te hace creer a ti mismo una cosa, que aunque no paso, está tan arraigada a tu percepción, que no puedes ver más allá, las expectaciones alteran y distorsionan la realidad, porque el cerebro funciona de esa manera, está anticipando lo que puede venir para actuar adecuadamente, este desequilibrio temporal hace una gran diferencia, esto tiene un nombre, el cerebro bayesiano.

Parece fácil, según Mangalam, “en su núcleo reside una premisa engañosamente simple pero profunda: el cerebro funciona principalmente como una sofisticada máquina de predicción que utiliza la inferencia bayesiana para interpretar la información sensorial y actualizar continuamente los modelos internos del mundo.” (Mangalam, M. 2025), pero va mucho más allá y es una afirmación cognitiva que tiene mucho para debatir en contra, porque difumina la fina línea entre metáfora, mecanismo y mito, porque la hipótesis brinca entre estos de vez en cuando, biológicamente nunca desarrollándose o manifestándose claramente como se pensó primero.


Lo que nos lleva a otro tema, que se puede aplicar a cualquier experimento o hipótesis de esta naturaleza.


Existe un fenómeno entre las investigaciones, las ciencias y demás profesiones que recurren a material informativo desarrollado por expertos, que propone que les dan más reconocimiento y aceptación a estudios que se perciben elegantes, establecidos por un largo tiempo y que se sienten como una explicación segura dentro de la incertidumbre, que a otros estudios que no cumplen con esas estéticas, y que ignoran explícitamente las deficiencias lógicas y empíricas que claramente se pueden vislumbrar.


El formalismo de su matemática, el poder de la metáfora en tu cognición, la ambigüedad, la tradición, todas estas son corrientes que han aumentando el volumen específicamente del cerebro bayesiano, pero que demuestran, cómo el experimento de la cicatriz de Dartmouth, que el pensamiento previo o presunción arraigada a una persona es muy fuerte y difícil de cambiar, demostrando así en muchos aspectos la falta de flexibilidad y adaptabilidad del ser humano, que se supone que tiene que amoldarse a cualquier situación, pero el poder de su mente lo deja abandonado en una encrucijada mental.


Por eso es importante, como menciona de nuevo Mangalam (2025), “El futuro de la neurociencia no reside en descodificar los mapas internos, sino en comprender el terreno de interacciones que los configuran.”, entonces en la actualidad se puede tomar inspiración del experimento mismo, que la investigación se haga en el campo, que el valor humano detrás de cualquier hipótesis es más importante que una fórmula matemática que cuadra perfectamente, darle más enfoque al ambiente, como se reacciona a partir de lo que rodea a las personas, visitar todas las facetas del comportamiento y las emociones, como el autor menciona, desarrollar dinámicas en tiempo real.


Y tal vez, eso es lo especial.

Desde los años ochenta hasta ahora, las personas se siguen representadas y escuchadas por estos experimentos, porque sus mentes fueron exploradas desde el interior hasta las condiciones fuera de sus cuerpos, estas simulaciones son impactantes en la modernidad porque nos llaman a cuestionar problemas que siguen existiendo, como dudas sobre la imagen corporal, preguntas sobre la vida humana que experimenta diferencias significativas a comparación con sus iguales, los efectos de nuestros sentidos en nuestras propias vidas y en las de los demás, también es importante la contradicción y el debate, nunca olvidar que podemos cuestionar las reglas y los sistemas implementados con anterioridad, hablar sobre estos temas, con naturaleza de crítica, en vez de un problema, hay que verlo como una posibilidad, o mejor aún, como un mar de infinitas posibilidades e interpretaciones, por eso me encantaría cerrar con una última frase, “El cerebro no es un estadístico que calcula probabilidades a posteriori en el vacío. Es un cuerpo en el mundo que aprende a moverse lo suficientemente bien como para mantenerse con vida.” (Mangalam, M. 2025). Por eso ninguna de estas hipótesis puede completamente describir la experiencia personal de todos, es demasiado grande para meterla en una sola caja, es un fascinante mundo que se sigue expandiendo cada día.


Referencias.

Kleck, R. & Strenta, A. (1980). Perceptions of the Impact of Negatively Valued Physical

Characteristics on Social Interaction. Journal of Personality and Social Psychology. Dartmouth College. https://www.researchgate.net/profile/Robert-Kleck/publication/232481827_Perceptions_of_the_impact_of_negatively_valued_physical_characteristics_on_social_interaction/links/56a4f54d08aeef24c58bae73/Perceptions-of-the-impact-of-negatively-valued-physical-characteristics-on-social-interaction.pdf

Mangalam, M. (2025). The myth of the Bayesian brain. Eur J Appl Physiol. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12479598/


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